Ladrocinio


Estoy de acuerdo. Hubo algunas pruebas testificadas de que hubiera robado o adquirido la nación cubana? 

Si, pero había estado pasando unos días en la montaña con otros ladrones. Y habían saqueado a los guajiros para robar sus ganados y sus tierras. No es difícil de conseguir la mayoría de los votos. Hagamos un breve resumen de la situación. No existían pruebas para llevar a cabo una revolución cubana, no existe prueba de que la nación pasaba hambre, ni que hubiese hecho preparativos en casa de María Antonia en Mexico para desembarcar en la playa de Las coloradas con 82 hombres y quedaron 12 . Todas las pruebas de investigación fueron negativas. Lo que si hay pruebas de los asesinatos. Ya sabemos que ellos andan siempre alerta y no dejan nada que se les escape al tratarse de desenmascarar la mentira. 

Y tras el sueño, el despertar, pareció ocurrir de pronto como; si saliese del túnel una luz del sol. Un día el absorto jefe de los barbudos había estado corriendo riesgos terribles. Si el pueblo cubano llegará a sospechar,,,. Le echó una mirada de soslayo cuando desayunaban . Menos mal que no desconfiaba. No tenia la menor idea de que podría amanecer muerto de un tiro en la cabeza. Y, sin embargo, algunas de las excusas que diera últimamente para justificar los asesinatos que habían cometido. Otros grupos se hubieran puesto sobre aviso. Por fortuna esta vez escapó de la muerte y respiró profundamente. En verdad el jefe había sido bastante temerario y todos sus hombres tontos, confiados, menos años más jóvenes que él.

Pensó de pronto en aplicar la muerte del presidente Urrutia y elegir a Osvaldo Dórticos Torrados al que chantajeaba constantemente, planificando su muerte en un atentado fallido de automóvil. 

Te parece que aplacemos su muerte? Le pregunto a su hermano Raul Castro Ruth. El alzó la cabeza sorprendido. 

Podrías aprovechar los días entre semana si quieres. Pero tendremos que deshacernos de él igualmente que hicimos con Camilo.

Su hermano lo miro fijamente y le dice; no va a funcionar, nos vamos a quedar sin avionetas. Déjame pensar que él solo se va a quitar la vida. Mira este escrito.

Había fruncido el entrecejo al ver la escritura de uno de los hombres y amantes. Le había dicho que no escribiese. Era demasiado peligroso. Y la mujer de Osvaldo no era de preguntar de quien eran las cartas que recibía. Obstante resultaba poco prudente. No siempre se podía fiar de la servidumbre. El hermano de Raul algo molesto rasgó el sobre una vez solo en el despacho. Leyendo páginas. Al leer, se sintió de nuevo por el desencanto de antaño. El había depositado toda su confianza en él. No podía soportar la idea de que llevara una doble vida. Medio sonrió, medio suspiró. 

El presidente Dorticos era entupido a más no poder. Si, estupidisimo. Muy amable. Pero no debía haberlo hecho. Tenía que andar con cuidado. El jefe no era hombre para aguantar una cosa así. Si antes de ser elegido presidente de Cuba y llegase a tener la menor sospecha,,,. Era peligroso, se lo había cargado. El presidente estaba en el interior y no podía esperar que llegara a la capital. Después de salir de su despacho, marchó con sus guardaespaldas, nueve kilómetros más allá. Hubiera sido prudente pedir una conferencia con el pueblo. Logró comunicación telefónica con Dorticos.

Hola,,,! Eres tú, el presidente? Tengo la última carta. Ten cuidado. No me puede oír nadie. Existe un proverbio en inglés que dice; un Leopardo no puede cambiar de manchas o lunares, que es equivalente a ser un leopardo genio y figura hasta la sepultura. A eso me refiero a la carta que te envío tú amante.

A qué te refieres?

El jefe abrió el sobre y lee unas lineas; oh! Ángel mío, cuánto te echado de menos! Y también tengo tú respuesta; me has echado de menos a mí? Pero no me escribas más. Es demasiado arriesgado. . Comprendes?

Te hizo sentir que te hallabas a su lado. Quiero estar contigo en todo instante. Te pasa a ti lo mismo? Eres tan absurdamente cauteloso que no has cuidado tu intimidad. Vuelve pronto a la capital para un consejo de guerra. Lo único que deseaba era oírte decir vez tras vez le quiero. Ya se podía dar eso por sentado a aquellas alturas de que el presidente Osvaldo Dorticos Torrados era hombre muerto. Qué sandeces se dice cuando estás enamorado y siempre el ridículo que habla hecho.

Qué quieres decir con eso? 

Mi Leopardo querido, he pensado muchas veces que es una estupidez andar con esos tapujos. Resulta indigno en mí opinión. No creo que después del consejo de ministros y de guerra, puedan marcharse juntos. Deja de fingir. Tú mujer te concederá el divorcio y a él se lo concederá su mujer, y entonces podremos fusilarlos.

Cómo?

Así como suena. Desastre! . 

Y, no es desastre robar a los campesinos, asesinar a inocentes? Adueñarse de una nación cubana? - le preguntó Osvaldo.

Claro que lo es! Pero no me voy a tomar el menor interés por tus ofensas, mis ambiciones serán imparables. Y no pienses en escapar de una manera u otra. 

Cuando entró a los días a la capital, Osvaldo estaba de pie Justo a la ventana que daba a la costa. Vio a un hombre alto, de aspecto marcial, rostro bronceado y cabello entrecano, un hombre al que había visto antes, pero no desde hacía años. Un hombre del que sabía muchas cosas de él. 

Se adentró en la habitación de su esposa y pudo comprobar que dormía plácidamente y abrió con cuidado la mesilla de noche de al lado de su cama y sacó la pistola, se fue andando despacio descalzo en puntillas hasta el baño. Aquel hombre era el invitado del jefe esperado que no se presentó después de escuchar un disparo.
Osvaldo Dorticos Torrados. Se había suicidado. Sus últimas palabras fueron; seré un bisexual, pero tú eres un ladroncinio. Ahí lo dejo. 

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