Seguro de si mismo
TAMBOR, no lo sabe, pero está a punto de irse de vacaciones a Canarias. Tiene solo dos años de edad y, se ha convertido en uno más de la familia. De lunes a viernes nos encontramos en la calle, en el mismo lugar de siempre su dueña, una joven pintora culmina el recorrido con Tambor allí donde yo estoy sentado, tiene un adiestrador, desde hace unos meses, no le acabado su formación y ya puede subir a un avión, es un adelantado. Uno de los objetivos de dejar a Tambo con una familia por un año es, precisamente, que se habitúe a distintas situaciones; una oficina, el cine, la calle,,, o un viaje a Canarias.
Les enseñan instrucciones sencillas del tipo; ‘ quieto, siéntate, échate y que vaya siempre a su lado derecho, que se pare en los pasos de peatones. Tambo desde los primeros meses de vida está en contacto con la gente me explica la pintora, su dueña que debe acostumbrarse a las mismas, a los ruidos, aprender jugando a superar distintos obstáculos o a no tener miedo y mientras habla, Tambo no deja de jugar conmigo, de morder una chaqueta de invierno que me la tiene agujereada, ya nos sirve de capote para cuando nos encontramos entrar en el juego, yo le digo que es mía , Tambo se empeña que es de él y ahí entramos en el jala, jala y el juego, al despedirse me abraza. Acude a las revisiones veterinarias y educar y cuidarlo, que no debería quedarse solo más de dos horas y recibe una educación básica para convertir a Tambo en una extensión de su persona cuando está desempeñando su labor. Seguro de sí mismo.
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